lunes, 18 de julio de 2016

MEMORIAS DE ALFONSO MAESO, UN REPUBLICANO ESPAÑOL EN EL HOLOCAUSTO, de Ignacio Mata Maeso



Hoy se cumplen ochenta años del golpe de estado fascista contra la legítima Republica que desencadenó la guerra civil y la dictadura franquista. En este día quiero recordar a Alfonso Maeso, un republicano español que pasó más de cinco años en un campo de exterminio nazi, puesto que los españoles también sufrieron el holocausto. Tras la guerra de España llegó la interminable lista de atrocidades nazis en los campos de exterminio alemanes, donde con el consentimiento de Franco los condujeron después de la derrota. El mismo Franco dio vía libre a Hitler para que hiciese con los republicanos españoles lo que quisiese con ellos. Entre esos republicanos españoles estaba Alfonso Maeso y ésta es la historia de un sobreviviente al horror nazi.

Alfonso Maeso
Alfonso Maeso era tan solo un joven de 17 años cuando salió por la puerta de su casa para alistarse en el ejército del bando republicano para defender la democracia y la libertad frente a unos fascistas. Una vez terminada la guerra, ganada por los fascistas, a los vencidos no les quedó más remedio que exiliarse para salvar sus vidas ante las posibles represalias por parte de los vencedores, como así fue. Por el espionaje y las cartas escritas en clave que les enviaban de España sabían de las torturas y de los crímenes que se estaban cometiendo. Alfonso Maeso se refugió en Francia junto a miles de familias españolas que huyeron de su país que había caído en manos de los fascistas.

 Luego de pasar por varios campos de refugiados franceses, los republicanos españoles fueron presionados por los franceses para que se alistasen en el ejército galo para luchar una vez más contra los nazis. Los mismos que hicieron la guerra en España se pusieron de nuevo a luchar al lado del pueblo francés para no volver a verse bajo el sistema fascista que querían implantarse en Europa, similar al que había ya instaurado Franco en España. Hasta que cayeron prisioneros en manos de los nazis en las playas de Dunkerque en 1940, cuando las tropas alemanas victoriosas tras la conquista de Bélgica cercaron su posición y fueron conducidos a los campos de exterminio, tras atravesar Bélgica, Holanda y Alemania. 

Campo de exterminio Mauthausen
Una vez en Mauthausen, los republicanos españoles fueron separados del resto de los prisioneros y alojados en unas barracas sometidas a fuerte vigilancia. Un día les comunicaron que debían salir porque había llegado una delegación española enviada por el ministro y cuñado de Franco, Serrano Súñer. Los componentes de esa delegación, auténticos verdugos, les comunicaron su nuevo destino que era la muerte en los campos de exterminio nazis.

Su primer destino en Mauthausen fue la construcción del edificio que acogía el crematorio y la cámara de gas. Entonces ignoraba que estaba ayudando a levantar dos de los símbolos universales del horror nazi. Alfonso sufrió torturas, vejaciones, hambre, incluso sirvió de cobaya para los experimentos de los nazis. Pero lo más triste para Alfonso fue ver morir a sus compañeros de inanición y de las palizas que le propinaban los nazis. De los diez mil españoles que ingresaron en Mauthausen solo sobrevivieron dos mil quinientos, produciéndose el grueso de las bajas en Gusen. Mauthausen era el campo principal, la sede central de su empresa exterminadora, la que garantizaba el funcionamiento de todo. Gusen formaba parte del entramado de subcampos que constituía Mauthausen, y fue una de las sedes escogidas por los nazis para descongestionarlos. Gusen fue el verdadero cementerio para los españoles, casi nadie salió con vida de allí.

Supervivientes de Mauhausen el día de la liberación en 1945
La prioridad para salvar la vida era evitar ir a Gusen y la suerte era la principal aliada para eludir tal destino, como lo era también sobrevivir en Mauthausen. Si la suerte era esencial para la supervivencia en el campo, la prudencia era su mejor aliada. Con los años aprendieron a bajar la cabeza ante los nazis, no hablar en su presencia, realizar todo aquello que le obligaban como propinarle patadas a la cabeza de un compañero como si fuese un balón para divertir a los nazis y trabajar durante horas sin descanso y sin probar un bocado.

El 5 de mayo de 1945 fueron liberados por los americanos y se hicieron cargo de los republicanos españoles puesto que seguían abandonados por los suyos. Luego lo hicieron los rusos para recoger a sus compatriotas prisioneros en Mauthaussen. Al mismo tiempo liberaron Gusen, aunque solo sobrevivió un puñado de españoles y al salir se fundieron todos ellos en un fraternal abrazo al verse libres y con vida.

El dia de la liberacion con pancartas para recibir a sus salvadores en Mauthausen y Gusen

Salvó su vida por suerte, pero muchos de sus compañeros no corrieron la misma suerte y acabaron gaseados y convertidos en cenizas por los nazis, cuando no extenuados por el hambre y los trabajos forzosos. Por ello, Alfonso Maeso quiso plasmar en papel su terrible paso por el holocausto, para que se sepa lo que tuvieron que soportar y que no se quede en el olvido tanto dolor y sufrimiento. También para hacerle un homenaje a todos sus compañeros que no lograron sobrevivir al holocausto.

Ignacio Mata Maeso, el sobrino nieto de Alfonso Maeso, fue el encargado de narrar la historia de su tío abuelo con el testimonio directo de Alfonso. El deber que se había fijado tras su liberación, convertido en obsesión con el correr del tiempo, no era otro que advertir al mundo para evitar que la historia se repitiera. Mauthaussen, memorias de un republicano español en el holocausto se publicó en febrero de 2007, un mes después de que falleciera Alfonso Maeso en Toulouse (donde vivió gran parte de su exilio), habiendo cumplido uno de sus objetivos vitales: hacer oír su voz, que es la voz de todos aquellos que sobrevivieron a los campos de exterminio nazi. Ahora, se acaba de reeditar las memorias de Alfonso Maeso por la editorial Crítica y cuenta con el prólogo de Jordi Évole. Su voz se recoge en este libro y en este fragmento:

<<Por eso ahora grito muy alto, lo más que puedo, a esos que quieren olvidarnos y que nos olvidan, a esos que están empeñados en desterrarnos de la memoria de España de forma cruel e injusta, como hicieron a la fuerza en el 39 y en el 41, que los que luchamos por la democracia y la libertad en España y en Europa, muchos campos de exterminio, hicimos posible que la vida de todos, incluida la suya, sea mejor. La mayoría ya ha muerto, pronto lo haremos todos, pero libros como éste nos mantendrán vivos en el recuerdo, y llegará el momento en que la historia haga verdadera justicia, ponga a cada uno en su sitio y diga las cosas como realmente fueron y no como unos pocos quieren hacer ver>>.










domingo, 3 de julio de 2016

PEQUEÑA LECCIÓN DE DEPURACIÓN NACIONAL



Lydie Salvayre, autora de la novela No llorar galardonada con el Premio Goncourt en 2014 basándose en el relato de Georges Bernanos nos ofrece una pequeña lección de depuración nacional y que paso a reproducir añadiendo otros datos muy interesantes que relató Georges Bernanos en su libro Los grandes cementerios bajo la luna.

PEQUEÑA LECCIÓN DE DEPURACIÓN NACIONAL

1. Los discursos que reafirman las prácticas de depuración nacional

Pondremos como ejemplo un extracto de una de las declaraciones que hizo en la radio el general Queipo de Llano, gran depurador de Sevilla, en julio de 1936: <<Esta guerra es una guerra a muerte. Hay que luchar contra el enemigo hasta su total exterminio, y quienquiera que no sé de cuenta de eso no es un buen servidor de la causa sagrada de España.>> Así como un breve extracto del artículo aparecido en la primera página del periódico Arriba España fechado en el mismo mes: <<¡Camarada! Tienes obligación de perseguir al judaísmo, a la masonería, al marxismo y al separatismo. Destruye y quema sus periódicos, sus libros, sus revistas, sus propagandas. ¡Camarada! ¡Por Dios y por la Patria!

Georges Bernanos llamaba terror a cualquier régimen en el que la vida o la muerte de los ciudadanos, sustraídos a la protección de las leyes, se hallasen al arbitrio de la policía del Estado. Llamaba régimen del terror al régimen de los sospechosos que es el régimen que vio funcionar durante meses y que necesitó mucho tiempo para descubrir engranaje tras engranaje, el funcionamiento del mismo.

El régimen de los sospechosos es un régimen donde el poder juzga lícito y normal, no solo el agravar en forma desmesurada el carácter de algunos delitos, con el objeto de hacer recaer la fuerza de la ley marcial sobre esos delincuentes, sino también de exterminar en forma preventiva a los individuos peligrosos, es decir, sospechosos de que puedan llegar a serlo. Para marcar a los elementos indeseables, es conveniente servirse de delatores. Por lo tanto, el régimen de los sospechosos es también el de la delación.


2. Los delatores

Para alcanzar las admirables metas anteriormente citadas y librar a la nación de los elementos dañinos, conviene contar con los buenos oficios de los delatores, por boca de los cuales Dios manifiesta su voluntad.

Se reclutan entre todos los niveles de la sociedad, con proporción bastante notable de sacerdotes, de señoras de alto copete que claman su amor al prójimo y lucen en su blusa la imagen sagrada del Corazón de Jesús, de esposas de suboficiales, de dueños de bares, de panaderos, de cabreros, de mozos de granja, de pánfilos fáciles de catequizar, de vagabundos ociosos, de gentecilla a quien se ha convencido de que se prenda un revólver en el cinturón en nombre de la nación en peligro, de golfillos y grandes canallas que se repeinan a fondo la conciencia enfundándose el uniforme azul para recobrar supuestamente el honor perdido, de buena gente y de otra más desagradable, y de un número considerable de personas normales, o sea ni buenas ni malas, o sea de honesta mediocridad que se confiesan regularmente para vaciarse de pecados, no faltan nunca a la misa del domingo ni al partido de fútbol del sábado, poseen esposa y tres criaturas…

Estos delatores patrióticos, instrumentos de la voluntad divina, no se complican la vida con inútiles indagaciones, pues son gente autoritaria que va derecha al grano, por los clavos de Cristo, sin dejarse aplacar por vanos pudores. Por vía epistolar, denuncian a cuantos despiertan sospechas y al final de la carta dirigen suaves congratulaciones a las autoridades reinantes, acompañadas del honor de servir a la patria, o de emocionadas muestras de gratitud y de afectuosos saludos a la señora Fulánez, que ha tenido la bondad de mandarle unas deliciosas peras (su marido es un franquista que no se anda con bromas). Los comités de depuración se encargan del resto.


3. Los comités de depuración nacional

Los comités de depuración son tribunales secretos compuestos por el burgués propietario o su representante, el sacristán, la sirvienta del cura, algunos campesinos partidarios del orden y sus esposas, y para terminar, los jóvenes reclutados por la nueva falange, en su mayoría partidarios desde el día anterior, impacientes por mostrar sus fidelidad, embriagados por el pavor que inspiran a los pobres diablos la camisa azul y la boina de borla roja, excitados por la idea de ejercitar su ferocidad con otros, se arremangan patrióticamente y afilan patrióticamente sus armas con el fin de eliminar a la chusma que no piensa como es debido y de paso inculcar a los refractarios la grandeza del espíritu nacional.

Observaciones: En el seno de esos comités reina un noble espíritu de emulación. Las Autoridades conceden dispensas para salvarse el quinto mandamiento de la Iglesia.

4. Los métodos de depuración nacional

La palabra clave de esta guerra es depuración porque la expresión ¡Liberemos el sepulcro de Cristo!, nunca ha significado otra cosa que la sistemática exterminación de los elementos sospechosos. No hay nada asombroso en esto ya que las mismas fórmulas fueron utilizadas para justificar masacres en otras épocas.

La depuración nacional exige una organización y métodos rigurosos.
Debe evitar perderse en sutilezas superfluas y desdeñar cuantas operaciones retrasen y compliquen su ejercicio, como la que consistiría por ejemplo en reconocer a los asesinos de los inocentes.

Los equipos de depuradores, aún denominados castigadores de Dios, operan preferentemente de noche, pues el efecto sorpresa es mayor, así como el terror que inspiran.

Pero pueden actuar asimismo en pleno día, en la calle, o introducirse por la fuerza en las casas de los sospechosos que han sido denunciados por almas 
 irreprochables.


5. Lista de elementos que deben ser depurados por los franquistas y que servirá de modelo a toda lista de elementos que deben ser depurados por los salvadores de la nación

a) lista de rompecruces y descreídos conocidos,

b) lista de individuos indiferentes a las prácticas piadosas.

c) lista de individuos culpables de desafección al movimiento salvador,

d) lista de maestros formados en la Institución Libre de Enseñanza (laica y gratuita), enemigos del capital, pervertidores de conciencias y engendradores de ateos y anarquistas, que son una calamidad para el orden moral de la nación,

e) lista de personas afiliadas a un partido o a un sindicato hostiles a la nación

f) lista de aquellos de quienes se rumorea que han levantado el puño,

g) lista de aquellos de quienes se rumorea que protestan vehemente contra un salario miserable,

h) lista de aquellos de quienes se rumorea que han aplaudido al paso de aviones del ejército republicano.,

i) lista de los disimuladores que elogian a Franco por delante y lo ponen en solfa por detrás,

j) lista de poetas, escritores y artistas que espolean, irresponsablemente, la inclinación a la revuelta de la población ignorante,

k) otros


6. Las tres grandes fases de la depuración por los franquistas que pueden servir de modelo a todos los tipos de depuraciones efectuadas por salvadores de la nación.

a) La fase denominada de depuración a domicilio: llaman, en plena noche, a la puerta del sospechoso. Lo arrancan del sueño. La mujer aterrada pregunta si van a llevar a su marido a la cárcel. El asesino, de apenas veinte años, contesta Exactamente. Hacen subir al sospechoso al camión, donde se encuentra con tres compañeros de rostro serio. El camión arranca, abandona la carretera principal y se interna en un camino de tierra. Ordenan a los cuatro hombres que bajen. Los abaten de un disparo de fusil. A continuación alinean los cadáveres al borde del talud, donde los encontrará el sepulturero al día siguiente, con la cabeza reventada y la nuca reposando sobre una repugnante almohada de negra sangre coagulada. El alcalde franquista escribirá luego en su registro: Fulano, Zutano y Mengano, muertos de congestión cerebral.

b) La fase denominada de depuración de las cárceles: Una gran cantidad de sospechosos, hombres y mujeres, faltos del menor delito material como para ser llevados ante un Consejo de Guerra, escapaban de la ley marcial y por tanto son llevados por grupos a lugares poco frecuentados, donde son fusilados por grupos y arrojados por grupos a unas fosas. Precisemos que suele preferirse a ese procedimiento, clásico pero demasiado llamativo, el procedimiento prescrito en la fase denominada terminal

La depuración de las prisiones no ponía fin a la actividad de los grupos de depuración a domicilio, sino que la hacía más lenta. El fin perseguido por las autoridades militares era limitar al mínimo el escándalo.

c) La fase terminal se organiza como sigue: los presos, considerados indeseables, reciben una mañana, con gran alborozo por su parte, la noticia de su liberación a consecuencia de la falta de pruebas. Firman el registro de encarcelamiento y el recibo de los objetos confiscados y efectúan todas las formalidades imprescindibles al objeto de descargar a la administración penitenciaria de toda responsabilidad futura. Liberados de dos en dos, son abatidos no bien traspasan el umbral de la cárcel, y sus cadáveres son trasladados al cementerio.


7. Refinamientos y perfeccionamientos
Comoquiera que su recuento ha sido interminable, lo remitimos a la imaginación de los depuradores.

8. Adenda

¿Cómo aplicar el método militar a la conversión evangelizadora de los espíritus? La cosa es sencilla. Basta dirigir a los feligreses en edad de cumplir con el deber pascual el formulario adjunto. Producirá en estos últimos los mismos efectos que un arma de fuego, pero sin las subsiguientes molestias, y permitirá estimular a los descreídos y a quienes siguen mostrándose remisos a abrazar prontamente a la fe católica.

En el anverso:
Señor, Señora, Señorita,
Con domicilio en …calle…Nº…
Ha cumplido con la Pascua en la iglesia de…

Y en el verso:
Se recomienda cumplir con el deber pascual en la propia parroquia. Quienquiera que lo haya cumplido en otra iglesia deberá llevar el justificante a su Párroco.
Una matriz separable dará la siguiente indicación: Para una mejor administración, despéguese esta matriz y envíese debidamente rellena al cura de la parroquia. Asimismo podrá depositarse en la arqueta destinada a tal uso.

Una vez concluida esta pequeña lección que me resulta muy interesante para conocer lo que en realidad ocurrió en este país, comentaré que la escritora y dramaturga francesa Lydie Salvayre, hija de un andaluz y una catalana que acabaron en el exilio al final de la Guerra Civil Española es la autora de la novela No llorar galardonada con el Premio Goncourt en 2014, en la que narra los recuerdos de su madre durante la Guerra Civil Española combinados con la narración de Georges Bernanos, padre de un teniente de la falange que vio de cerca la Guerra Civil Española ya que en ese momento se encontraba en Mallorca y que le llevó a escribir su célebre libro Los grandes cementerios bajo la luna.

Los grandes cementerios bajo la luna es la condena de un ferviente católico de la brutal represión fascista llevada a cabo en España, además de expresar su profunda náusea ante lo que vio en España: los fusilamientos en masa, “aquí en España se mata como se tala”,  los más crueles e indiscriminados asesinatos, la represión salvaje a un pueblo sufrido y valiente, el sadismo inerrable de los creadores de la “nueva España”. 

Un libro de Georges Bernanos publicado en 1938 en el que ya apuntaba la palabra clave de esta guerra civil que era la depuración y para ello distinguía varias fases de depuración, quiénes se encargaban de la depuración y los métodos de que se valían los fascistas para la depuración. Hechos que él mismo presenció o que le contaban, ya que en su condición de padre de un falangista tenía información de primera mano.







viernes, 1 de julio de 2016

EL SEÑOR DE LAS MOSCAS, de William Golding



William Golding fue un brillante escritor inglés que recibió el Premio Nobel de Literatura en 1983. Empezó escribiendo poesía hasta que en 1952 se inclinó por la prosa y su primera novela fue El señor de las moscas que fue rechazada por innumerables editoriales hasta que un editor de Faber & Faber la rescató de la pila de manuscritos descartados. La obra fue todo un éxito y se convirtió en uno de los libros más leídos de la literatura contemporánea. Traducida en todo el mundo, fue adaptada al cine en dos ocasiones.

El señor de las moscas ha sido una lectura muy satisfactoria y reflexiva, me ha encantado, además de que mi edición viene acompañada de una serie de ilustraciones del argentino Jorge González que hacen más bella y placentera la lectura de esta obra maestra. Un libro que todo el mundo debería leer sobre todo a los que les gusta indagar en el aspecto psicológico de las personas y conocer hasta dónde puede llegar el ser humano en situaciones extremas. Se trata de una novela ficticia que tiene como protagonistas a unos niños que por capricho del destino van a parar a una isla desierta sin la presencia de ningún adulto. La convivencia, la supervivencia, las ansias de liderazgo y la lucha por el poder dominan la novela.

Una alegoría con tintes aterradores y hasta me atrevería decir satánicos cuando en un mundo no regido por la autoridad de un adulto puede llevar a florecer los instintos más salvajes y diabólicos de un niño que no tiene un padre que le pueda reñir frente al otro niño que piensa y necesita del consejo de un adulto o del sabio amigo porque se siente dominado por el miedo y llora por “la pérdida de la inocencia, las tinieblas del corazón del hombre y la caída al vacío de aquel verdadero y sabio amigo”. Una novela que sirve para reflexionar sobre la condición humana y su comportamiento en un mundo donde no existen leyes, solo unas reglas impuestas por unos niños que no siempre son respetadas, donde el escenario ya no es una civilización sino una selva y en que cada personaje juega un papel y simboliza una fuerza frente a la otra, la maldad frente a la bondad, el buen juicio frente a la sin razón, la inteligencia frente a la fuerza física, la democracia frente al totalitarismo…

La novela está llena de símbolos como la caracola que otorga la palabra a quien la coge con la mano. Simboliza autoridad y el derecho a hablar y como tal debe ser respetado y los demás deben escuchar.

Una obra maestra dividida en varios capítulos en donde el autor se sirve de un escenario sin igual y una brillante caracterización de los personajes en cuyo interior profundiza el autor para hacer llegar al lector lo que se encierra en cada ser humano y que te llevará a simpatizar e incluso compadecerte de unos y tener miedo de otros  porque la verdadera fiera que tanto tememos no está en el exterior sino en el interior de cada uno. Una novela que refleja el instinto salvaje y la podredumbre del ser humano en situaciones extremas y las moscas que revolotean alrededor del hombre putrefacto.

William Golding concibió El Señor de las Moscas inspirándose en un relato: La Isla de Coral de Ballantyne que era una popular novela de aventuras que narra la historia de un grupo de jóvenes que, tras naufragar, logran sobrevivir en una isla aplicando los principios que rigen la sociedad victoriana, aunque en la novela de Golding sus protagonistas son unos niños que sacan a relucir el instinto más salvaje que hay en ellos y que les llevan a aplicar principios autoritarios.

Un dato que puede ser relevante a la hora de entender esta novela y cómo la concibió el autor, es que William Golding participó en el desembarco de Normandía en 1944. Sensibilizado por sus vivencias bélicas y convencido de la maldad intrínseca del ser humano, vivió obsesionado por la violencia que rige nuestras existencias: “Me describo a mí mismo como un pesimista universal, pero optimista cósmico”.

Datos técnicos del libro
Título: El señor de las moscas
Autor: William Golding
Traducción: Carmen Vergara
Epílogo: Ian Mcewan
Ilustraciones: Jorge González
Editorial: El zorro rojo
Año de edición: 2014
ISBN: 978-84-941645-0-7
Encuadernación: Tapa dura con sobrecubierta
Precio: 29,95 euros
Sinopsis: Las novelas de William Golding, inquietantes fábulas morales, exponen a los protagonistas a situaciones de aislamiento extremo, tanto físico como psicológico y espiritual;
así se encontrarán con los instintos más recónditos y oscuros
y, como en El Señor de las Moscas, con las leyes primordiales
de la existencia y la convivencia, no pocas veces sustentadas
en la aniquilación del contrario. Destaca Golding por su
examen profundo del comportamiento de personajes que ya
no obedecen a las convenciones de la civilización y cuya
conducta los lleva a un conflicto entre fuerzas que podríamos
definir como del mal y del bien. Ese enfrentamiento turbulento
y despiadado da lugar, inevitablemente, a una inquietud
metafísica, a una desazón angustiante. En su arte narrativo,
diálogos, descripciones y presunción de pensamientos
dan forma a un espacio en el que el lector se siente contenido
y, no pocas veces, oculto, mas no como espectador sino
como partícipe involuntario.
El Señor de las Moscas, una alegoría aterradora, es su
obra maestra. Las ilustraciones del virtuoso artista argentino
Jorge González transitan desde el bucolismo dictado por la
naturaleza a la pavorosa incertidumbre a que da lugar
la inocencia.